25N: las gafas moradas también son para ti
Ayer, 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, uno de nuestros peques se quedó mirando la tele y preguntó:
«Zergatik dira denak neskak?» (¿Por qué son todas chicas?)
En las imágenes de las manifestaciones solo se veían mujeres. Su pregunta nos atravesó, porque resume un reto que sigue vivo: que parezca que esto es «cosa de mujeres», cuando en realidad nos implica a todas las personas.
Las gafas moradas
Le explicamos que, para entender mejor el mundo, a veces hay que ponerse unas gafas moradas: una mirada que permite ver desigualdades, miedos y cosas que hacen mucho daño, y que, si no las vives tú o de cerca, es fácil no ver. Pero esas gafas no son solo para ellas. Son para cualquiera.
Le hablamos también de la «Puerta Violeta», la canción de Rozalén: un lugar seguro al que todas las personas deberían poder entrar sin miedo. Y le contamos que esa puerta solo se mantiene en pie si la construimos entre todos y todas: mujeres, hombres, familias, escuelas, barrios. Cada mirada suma.
«Quien se pone las gafas moradas no se las vuelve a quitar», le dijimos. Porque son para cualquiera que quiera un mundo más justo y más seguro.
«Ta nork ez du hori nahiko?» (¿Y quién no va a querer eso?)
Eso respondió. Y, por un momento, todo tuvo sentido.
Lo que sí podemos hacer
Ayer fue fácil responder. Sabemos que no siempre lo será, y que algún día la crianza también implicará hablarles de la violencia machista, que no tiene explicación lógica, solo un origen: la desigualdad, el control y el abuso.
Por eso creemos en lo que sí podemos hacer hoy: educar desde la empatía, cambiar la mirada y enseñar que acompañar, escuchar y proteger no tiene género. El cambio empieza cuando ellos también deciden mirar de otra manera, cuando entienden que también es cosa suya. Cuando eligen ponerse las gafas moradas.
Desde Ekoreka
Ekoreka es un proyecto que nació de dos mujeres en Zarautz y que hoy sigue sostenido por un equipo de mujeres. Por las que pasan por nuestra cabina, por las que trabajan con nosotras y por todas las demás: nos queremos vivas.
Ni una menos.